Desde 1952, una cita marcada en el alma que año tras año renovamos con fe, compromiso y sentimiento.
Día de emociones encontradas, vividas con intensidad por nuestra Camarera, que una vez más estuvo a la altura de lo que este día exige. Gracias, Ana, por tu entrega sincera… y a tu familia, por caminar siempre a tu lado.
Nuestro agradecimiento más profundo a la A.M. Nostra Senyora de la Pietat d’Oliva.
Por su entusiasmo, por su cercanía, por su música que no solo acompaña… sino que emociona. Nuestro traslado cobra un sentido especial cuando lo compartimos con ellos.
Y a todos nuestros hermanos y hermanas cofrades: gracias por saber estar, por dignificar cada paso y por demostrar que, incluso ante las dificultades del camino, la Hermandad responde unida, firme y con el corazón por delante.
Porque hay días que no se explican… se sienten, a pesar de todo y de todos.

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