El Sábado de Pasión no fue solo una representación. Fue emoción en estado puro.
Veinticuatro años después, volvimos a sentir ese nudo en la garganta, ese silencio que lo dice todo, esa mirada compartida entre quienes saben que lo que ocurre sobre el escenario va mucho más allá de una obra. El Auto Sacramental del Juicio de Jesús no se interpreta… se vive.
Detrás de cada gesto, de cada palabra, hay horas invisibles de entrega, de esfuerzo, de nervios contenidos, de amistad sincera. Hay personas que creen, que sienten y que, año tras año, regalan a los demás algo que no se puede comprar: emoción auténtica.
Habéis convertido esta tradición en un símbolo. En un referente que sitúa a nuestra Hermandad en un lugar destacado dentro de la Semana Santa de Gandía. Y lo habéis hecho desde la humildad, el compromiso y el corazón.
Enhorabuena a todos y cada uno de los que hacéis posible este sueño.
Y ahora… con la misma ilusión de siempre, a por el 25.

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